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Del timo de ‘El pibe Carlitos’ al mito de Carlos Gardel

Vía ElPaís.com (VÍCTOR NÚÑEZ JAIME)

Carlos Gardel, fotografiado en 1930.  / AFP

Cuentan que Carlos Gardel entraba en un bar de la provincia de Buenos Aires y tardaba unas dos semanas en ganarse a los parroquianos del lugar. Ya en confianza, les soltaba que uno de sus tíos le había dejado una herencia enorme, pero que no tenía plata para ir a reclamarla. Si alguien dudaba de su palabra, mostraba documentos que supuestamente lo probaban, y con frecuencia había quien ofrecía ayuda a El pibe Carlitos. A cambio de que le sufragaran los gastos de viaje, hotel y abogados, él firmaba un acuerdo donde se estipulaba que les cedería parte de esa herencia. Gardel emprendía el viaje y, al final, nunca volvía. Es lo que en América Latina se conoce como el cuento del tío, un timo simplón, como el de la estampita o el tocomocho, que ha inspirado años de literatura y música popular.

Raúl Torre y Juan José Fenoglio, dos peritos en criminalística argentinos que llevan 14 años rastreando el pasado de Carlos Gardel, han dado a conocer esta semana los resultados de su investigación, causando el revuelo habitual en todo lo relacionado con el mito. Sostienen que en su juventud el tanguero más importante de la historia había sido, en efecto, un estafador. Con ayuda de un software compararon las huellas dactilares de un historial delictivo desaparecido (Carlos Gardel habría logrado que prácticamente cualquier pista sobre su pasado penal fuera destruida por orden del presidente Marcelo T. de Alvear) con las del pasaporte uruguayo del cantante y concluyeron que “se trata de una misma y única persona”, cuentan al teléfono desde Buenos Aires. Para la fase final de su pesquisa, añaden, planean realizar una prueba de ADN a pelos hallados en cepillos de ropa de Carlos Gardel. La intención es despejar cualquier duda sobre el parentesco con su madre, Berthe Gardes.

Se cree que Carlos Gardel habría logrado que prácticamente cualquier pista sobre su pasado penal fuera destruida por orden del presidente Alvear

Hace apenas dos meses, otra investigación aseguró que Gardel había nacido en Toulouse (Francia). Ya antes se había dicho que lo hizo en Tacuarembó (Uruguay). Y también en La Plata (Argentina). Y que, por conveniencia, había tenido distintas identidades. Y que estuvo preso en Ushuahia. Y que había estado ligado sentimentalmente a varias mujeres, no solo a las actrices Isabel Martínez del Valle y Mona Maris. Y que era homosexual. Y que hacía milagros a quien iba a pedírselos a su tumba en el cementerio de La Chacarita. Y que no murió en un accidente aéreo, porque en realidad andaba de gira por América Latina con una máscara que ocultaba su rostro deformado. ¿Por qué se ensancha cada vez más la leyenda de El zorzal criollo?

Carlos Gardel es uno de los principales iconos del imaginario colectivo argentino. El ejemplo de chico humilde que gracias a su talento llegó a convertirse en ídolo planetario. Pero es, sobre todo, una presencia constante en las conversaciones de la república sudamericana. Ser Gardel, en el argot porteño, es ser lo más. Y si a alguien se le complican las cosas o todo se le estropea, dice: “Estoy como Gardel en el avión”. Gardel, Gardel, Gardel.

Como señala el poeta colombiano Darío Jaramillo –autor de Poesía en la canción popular latinoamericana, donde se ocupó de varios tangos de Gardel–, aclarar el pasado de esta leyenda nacional es un pasatiempo no solo argentino, sino también latinoamericano. “La verdad mítica no tiene que ver con la verdad verdadera. Un mito puede darse el lujo de nacer en tres partes distintas, Tacuarembó, La Plata o Toulouse, porque es un mito. Y no hay nada más mitificante que la labor de los desmitificadores. Gardel, el mito, es, por mucho, una historia más larga que la de Gardel, el individuo. Cualquier cuento que se cuente del individuo agranda el mito; cualquier cosa que se invente sobre el mito agranda al individuo”, reflexiona.

Las identidades del zorzal criollo

El pasaporte uruguayo de Carlos Gardel. / RAÚL TORRE / JUAN JOSÉ FENOGLIO

La primera ficha policial con las huellas dactilares de Carlos Gardel es de 1904 (ver abajo). Él tenía 13 años y seis meses y dijo llamarse Carlos Gardez. En 1923, el cantante quiso emprender su primera gira internacional y señaló que nació en Tacuarembó (Uruguay). Así obtuvo el pasaporte, en donde también plasmó sus huellas dactilares. Gracias a la comparación de estos dos documentos realizada por los investigadores Raúl Torre y Juan José Fenoglio mediante el sistema automático de identificación de huellas dactilares se determinó que se trababa de “una misma y única persona”.

Cuando aún no existían los asesores de imagen, Gardel, muy atento a las nuevas reglas del estrellato que proponía Hollywood, se percató de que no bastaba con una buena voz, también había que proyectar un arquetipo. Lo explica el sociólogo argentino Juan José Sebreli en su Ensayo contra los mitos: “A través de fotografías y entrevistas se reveló como un hábil promotor de sí mismo: exageraba sus triunfos en el exterior o su amistad con personalidades famosas a las que solo había visto de pasada, a veces mentía mencionando su éxito en Londres, ciudad donde nunca había actuado, o inventándose ascendientes de clase alta”.

Según el último libro publicado sobre el cantante, El padre de Gardel (Proa American Ediciones, 2012), Charles Romuald Gardes (su verdadero nombre) nació el 11 de diciembre de 1890 en Toulouse. Se dice que su padre, desaparecido, era un ladrón francés que huía constantemente para evitar pagar por sus fechorías. Y su madre se llevó a la futura estrella a Argentina para alejarse de las insidias de familiares y vecinos, que no veían con buenos ojos que criara a un niño siendo soltera.

Al chico comenzaron a decirle Carlitos en el barrio de Abasto de Buenos Aires, y cuando se le preguntaba qué era lo que más deseaba, él respondía: “Una montaña de guita”. Para Darío Jaramillo, el pasado delictivo del cantante es, por ende, verosímil. “Gardel creció en el sector de un gran mercado donde predominaban los inmigrantes pobres. Él mismo fue uno de ellos. No me parece un escenario ajeno a la picaresca, a cierta hamponería subproducto de una lucha despiadada en la batalla por la supervivencia”.

Cuando Carlitos era un adolescente esforzándose por parecer un dandi, empezó a cantar en reuniones de amigos y familiares y se hizo escuchar por los cantantes del teatro donde él trabajaba como tramoyista. “Gardel sería el hombre de aldea que se prueba la ropa de la aristocracia europea y descubre que es su segunda piel. Parece que, al nacer, en lugar de tener que cortarle el cordón umbilical, hubo que cortarle el reloj de oro con cadena”, escribiría muchos años después la cronista argentina María Moreno.

Los investigadores concluyen que cambiaba constantemente de identidad para que su pasado delictivo  no perjudicara su carrera artística. Y no para evitar que Francia le obligara a alistarse a su ejército

¿Quién podía resistirse al canto del zorzal, ese pájaro que acompaña al amanecer? Su galanura era objeto de deseo. Si no se casó con ninguna mujer fue porque, decía, “todas valen la pena, y darle la exclusividad a alguna es ofender a las otras”. Su imagen también era admirada por quienes aspiraban a la elegancia. El traje y la corbata, el pelo relamido –“repeinado, che”–, la mirada y la sonrisa seductora –“simpática, pícara y castigadora”–, el sombrero de lado, la sensibilidad, el temperamento y la voz aterciopelada de Gardel se convirtieron en la representación ideal de los lamentos, el desgarro y la nostalgia tanguera.

En la primavera de 1935, Gardel comenzó una gira con la intención de recorrer toda Iberoamérica, donde la gente ya había incorporado a sus charlas aquello de “que veinte años no es nada”. Pero sus planes se truncaron. El 24 de junio de ese año, en el aeropuerto de Medellín (Colombia), murió en un accidente aéreo. El velatorio y el entierro fueron multitudinarios. Y su leyenda crecería con el paso de los años.

En 1998, el Centro de Estudios Gardelianos se puso en contacto con Torre y Fenoglio, dos investigadores forenses que se autoproclaman admiradores de Gardel, para que determinaran la verdadera nacionalidad del intérprete de Por una cabeza. Así que comenzaron a rastrear la documentación de colecciones públicas y privadas que los llevaría a encontrar aspectos adicionales. Han analizado y comparado fotos, pasaporte, testamento e historiales policiacos y médicos del cantante con técnicas de la policía científica –como el sistema automático de identificación de huellas dactilares o el de reconocimiento facial– para establecer su identidad y parentesco, con el propósito de derribar especulaciones.

Primera ficha policial, de 1904 (tenía 13 años), con las huellas dactilares del cantante, que firma Carlos Gardez. /RAÚL TORRE / JUAN JOSÉ FENOGLIO

De esta manera llegaron a la conclusión de que Gardel cambiaba constantemente de identidad (nombre propio, lugar de nacimiento y nombre de sus padres) para que su pasado delictivo de estafador no perjudicara su carrera artística. Y no para evitar, como se ha escrito, que Francia le solicitara integrarse en el ejército con el que combatió en la Primera Guerra Mundial. Torre y Fenoglio cuentan, además, que varias de las primeras canciones de Gardel fueron escritas por Andrés Cepeda, “el poeta de la prisión”. Cepeda era un estafador que pasó buena parte de su vida en la cárcel, “lo cual hace pensar que compartieron detenciones en comisarías y encierros penales”.

Para el escritor porteño Martín Caparrós, la clave del revuelo ocasionado una y otra vez por las revelaciones gardelianas radica en el interés por preservar el mito. “Hace un par de meses, cuando unos investigadores encontraron los documentos que confirmaban que Gardel era francés, me sorprendió la simpleza del procedimiento y, por tanto, que nadie lo hubiera hecho antes. El mito necesita cierta ambigüedad, la nebulosa. No hay nada que dañe tanto un mito como los datos precisos, y no hay nada que los argentinos hagamos mejor que producir mitos”, concede. “La Argentina es un país de un peso muy relativo en la cultura global, que solo es extraordinario produciendo mitos, caras para la camiseta universal: Evita, el Che, Maradona, Gardel. Así que no debemos arruinar esa habilidad con datos: sería como escupir para arriba”.

Una leyenda, concluye Darío Jaramillo, que a la luz del flujo constante de nuevas aseveraciones sigue creciendo. “Es un mito omnívoro, alimentado por el culto a su voz, ajeno a la moral. Acaso, sí, en ocasiones, armado de la maldad suficiente para justificar la estafa como método de supervivencia, de negocios y de gobierno. El mito crece no solo en lo luminoso, sino también en lo que tiene de perverso”. Y el poeta colombiano aclara que lo dice “sin la frente marchita”.

Las lenguas indoeuropeas nacieron en Anatolia y no en Ucrania

Foto: RADBOUD UNIVERSITY NIJMEGEN

Vía EUROPAPRESS

Las lenguas indoeuropeas pertenecen a una de las familias más amplia de difusión de idiomas del mundo. Durante los últimos dos milenios, muchas de estas lenguas han sido escritas, y su historia es relativamente clara.

Sin embargo, todavía existe gran controversia sobre el momento y el lugar de los orígenes de esta familia de lenguas. Un amplio equipo internacional, incluido el investigador del Max Planck Institute (MPI) Michael Dunn, ha divulgado en la revista Science los resultados de un innovador análisis filogeográfico Bayesiano de los datos lingüísticos y espaciales del indo-europeo.

La opinión mayoritaria en la lingüística histórica es que la patria de origen del indoeuropeo se encuentra en las estepas del Ponto (actual Ucrania) hace alrededor de 6.000 años. La evidencia proviene de la paleontología lingüística: en particular, ciertas palabras relativas a la tecnología de los vehículos de ruedas están sin duda presentes en todas las ramas de la familia indoeuropea, y la arqueología nos dice que los vehículos de ruedas no surgieron antes de esta fecha. Los puntos de vista minoritarios sitúan los orígenes del indoeuropeo con la difusión de la agricultura desde Anatolia hace entre 8.000 a 9.500 años.

Esta opinión minoritaria recibe un apoyo decisivo en el presente análisis en Science de esta semana. Este análisis combina un modelo de la evolución de los léxicos de las lenguas individuales con un modelo explícito de la dispersión espacial de los hablantes de esos idiomas. Hechos conocidos en el pasado (la fecha de la certificación de lenguas muertas, así como los eventos que pueden ser fijados por la arqueología o el registro histórico) se utilizan para calibrar y deducir el árbol de familia lingüistica a lo largo del tiempo.

Los datos léxicos utilizados en este análisis provienen de la base de datos Indo-European Lexical Cognacy (IELex). Esta base de datos ha sido desarrollada en el departamento de procesos evolutivos de lengua y cultura de grupo del MPI y ofrece una gran calidad de recogida de datos lingüísticos adecuados para el análisis filogenético.

Más allá del interés intrínseco de descubrir la historia de las familias de lenguas y sus hablantes, los árboles filogenéticos tienen una importancia crucial para la comprensión de la evolución y la diversidad en muchas ciencias humanas, de la sintaxis y la semántica en la estructura social.

Luz verde a la primera terapia génica

GETTY IMAGES

Vía ElPaís.es por Javier Sampedro

La Agencia Europea del Medicamento recomendó ayer aprobar el primer fármaco comercial para terapia génica, es decir, para curar una enfermedad hereditaria mediante la infección del paciente con la versión correcta del gen. El fármaco Glybera (alipogene tiparvovec) va dirigido contra una enfermedad rara, la deficiencia de la lipoproteína lipasa, que tal vez afecte solo a dos centenares de pacientes en Europa. Pero hay unas 7.000 enfermedades raras de ese tipo, y la terapia génica es una de las pocas esperanzas para sus pacientes. La primera aprobación de un medicamento genético abre por tanto un continente, si no para la medicina, sí al menos para su regulación legal en el mundo.

A diferencia de su homóloga norteamericana, la Food and Drug Administration (FDA), que es un organismo que ocupa un lugar concreto, la Agencia Europea del Medicamento es una red de coordinación entre las agencias nacionales de los países miembros. La recomendación de su Comité de Productos Medicinales para Uso Humano (CHMP, por sus siglas oficiales) tiene todavía que ser tasada por la Comisión Europea, pero “en este caso no va a haber ningún problema con la aprobación”, según fuentes de la Agencia Española del Medicamento, que dirige Belén Crespo.

Se trata de la primera vez que se aprueba un medicamento comercial de terapia génica en el mundo. Ha habido pocos éxitos desde que esta técnica, consistente en infectar a pacientes de enfermedades congénitas con el gen sano que les falta, empezó a entrar en ensayos experimentales hace 25 años. El más notable fue la curación de 13 niños burbuja (enfermos de inmunodeficiencias hereditarias) en París, en 2004, ensombrecida por que el virus (vector en la jerga) utilizado para introducir el gen sano en las células de los pacientes causó dos casos de leucemia entre los niños.

En aquella ocasión esos vectores eran retrovirus, virus de la familia del VIH, que los científicos consideran los más eficaces para insertar el gen terapéutico en el genoma de las células del paciente porque ese paso es fundamental para su ciclo vital (si a lo que hace un virus se le puede considerar vida). En el caso de Glybera el vector pertenece a otra familia, los adenovirus, que también se han usado a menudo en este tipo de experimentos.

Los científicos llevan 30 años poniendo sus apuestas en la terapia génica como el método de elección para curar los miles de enfermedades hereditarias devastadoras que han catalogado los médicos desde hace cientos de años. Pero los persistentes fracasos en esta área, incluida la muerte de un paciente estadounidense en los años noventa, habían empezado ya a producir un escepticismo generalizado entre las firmas biotecnológicas, los médicos y los reguladores nacionales sobre su viabilidad, e incluso sobre su realismo.

La decisión de los científicos que asesoran a Bruselas supone así un estímulo sin precedentes en un campo en que, hasta ahora, la Big Pharma ha sido muy renuente a invertir en serio. El fármaco que seguramente será aprobado ahora en Europa, Glybera, ha sido desarrollado por el laboratorio holandés Uniqure después de que casi arruinara a su descubridor, Amsterdam Molecular Therapeutics.

Los enfermos de deficiencia de la lipoproteína lipasa (LPL) sufren una mutación hereditaria que les impide producir un enzima que, en la situación normal, degrada las lipoproteínas, o nanopartículas naturales que transportan la grasa por la sangre después de su absorción por el intestino tras una comida. El error genético causa una nefasta acumulación de grasas en las venas y arterias, hasta el punto de que la sangre ofrece un aspecto más blanquecino que rojo.

El nuevo fármaco Glybera utiliza un adenovirus para administrar la versión correcta del gen de la lipoproteína lipasa, el que está mutado en los pacientes. El tratamiento consiste en inyectar el virus con el gen correcto en muchos puntos de la pierna del paciente. El virus se introduce así en las células musculares de la pierna, que de este modo activan el gen y empiezan a producir la proteína (lipoproteína lipasa) que le falta al paciente. Esta proteína, ya sea en el músculo o liberada a la sangre, puede empezar a degradar las partículas grasas y por tanto evitar sus peligrosos efectos sobre el páncreas y otros órganos.

La compañía holandesa solo ha probado el fármaco en 27 pacientes, y en una forma que no se adapta por completo a los rigores de la regulación sobre ensayos clínicos vigente en los países europeos, ni en Estados Unidos. El mismo comité de la Agencia Europea del Medicamento que lo ha aprobado ahora ya lo había rechazado tres veces en los últimos dos años.

Según fuentes de la Agencia del Medicamento española, las discusiones han sido muy reñidas, y la aprobación solo se ha producido por un estrecho margen, debido a las dudas que aún persisten sobre la eficacia y la seguridad del fármaco. Por los precedentes conocidos, sin embargo, a los pacientes de estas raras y crueles enfermedades no les suelen preocupar tanto esos rigores reglamentarios.

Un análisis en sangre puede ayudar a detectar la violencia de género

Foto: EUROPAPRESS

Vía EUROPAPRESS

Investigadoras de la Universidad de Sevilla aseguran que un simple análisis de sangre podría servir para obtener datos “fiables y objetivos” de un posible maltrato, tras comprobar que el nivel de hormonas como la oxitocina, la prolactina o el cortisol se ve alterado ante situaciones de estrés prolongado extremo, como el producido por la violencia de género.

Así se desprende de un proyecto llevado a cabo por las profesoras del departamento de Fisiología de esta universidad Susana Pilar Gaytán, Ana María Gómez y María Rosario Pásaro, y la estudiante Johanna Roxy Fernández, que aseguran que el análisis podría ser efectivo “incluso cuando la violencia cesa”, ya que estas mujeres “no vuelven a la normalidad de forma inmediata”.

Según han explicado las autoras al Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), ya era conocido que los niveles de determinados tipos de hormonas se relacionaban con la resiliencia de la víctima, entendida como la capacidad que tiene la mujer maltratada de recuperarse frente a la violencia.

Pero el objetivo de este trabajo era diseñar un protocolo que permita identificar condiciones fisiológicas que, potencialmente, hagan más vulnerables a las víctimas ante la situación de maltrato, ha apuntado la catedrática María Rosario Pásaro.

Según esta experta, existen una serie de condicionantes fisiológicos, en concreto niveles sanguíneos hormonales, que garantizan que se genere el fenómeno denominado “apego”, es decir, un vínculo que se establece, por ejemplo, en el reconocimiento mutuo entre la madre y el recién nacido y, en general, refuerza los lazos afectivos familiares. La hormona responsable de estas pautas de conducta y sus correlatos emocionales es la oxitocina.

Además, se sabe que también existen diferentes estudios sobre el impacto que los niveles hormonales tienen sobre los estados de ánimo de las personas y su capacidad de relacionarse.

“Se han obtenido datos que indican que la hormona oxitocina puede ser la principal encargada del establecimiento y mantenimiento de relaciones sociales sanas y, por tanto, la responsable fisiológica de que la víctima no sea capaz de romper la relación con su agresor, junto a otros motivos de carácter psicológico”, ha explicado.

Con su investigación Pasaro y su equipo han desvelado que cuando el nivel de oxitocina es más alto de lo normal, la capacidad de respuesta de la víctima está muy mermada o incluso completamente anulada.

ESTUDIO CON AFECTADAS REALES

El estudio se ha llevado a cabo a través de la recogida de muestras y elaboración de una historia clínica previa sobre dos grupos de mujeres de edades similares, uno control y otro formado por mujeres voluntarias en diferentes fases de recuperación tras la exposición a maltrato y miembros de la Fundación Ana Bella de Sevilla.

En concreto, la técnica empleada ha permitido detectar la concentración relativa (pg/ml) de los niveles de oxitocina en sangre obteniendo como resultado que se producía un incremento del 16,24 por ciento en los niveles circulantes de oxitocina en la población de sujetos experimentales (mujeres que han sufrido maltrato).

Este incremento hallado es especialmente significativo, han asegurado las autoras del estudio, teniendo en cuenta que todas las mujeres del grupo experimental se encontraban ya en fase de recuperación.

Respecto a las otras hormonas señaladas, determinaron que los niveles de cortisol o prolactina también se relacionan con los niveles de estrés agudo en los individuos.

LA OXITOCINA, LA MEJOR CANDIDATA

   No obstante, y aunque sólo muy recientemente se han empezado a realizar estudios para utilizarlos como indicadores de los efectos de la violencia prolongada, la realidad es que la oxitocina es el mejor candidato para este tipo de estudios, ya que se la ha relacionado con el establecimiento y mantenimiento de las unidades familiares y relaciones sociales en general.

   En el estudio han observado además que los niveles circulantes de oxitocina están asociados a una percepción generosa de las inter-relaciones sociales y, asimismo, inducen una disminución de los niveles de ansiedad y un aumento de la confianza en los otros individuos, por lo que una alteración de los mismos podrían estar en la base de un proceso de generación de una situación especial de gran vulnerabilidad afectiva.

   Además, en ese mismo sentido, existen datos que indican que la oxitocina puede ser importante para la inhibición de las regiones del cerebro asociadas a la evaluación del riesgo.

La camiseta del futuro podrá recargar la ‘tablet’ o el ‘smartphone’

Foto: EUROPAPRESS / JOSE MARÍA ALCAZAR (WIKIPEDIA)

Vía EUROPAPRESS

Investigadores de la Universidad de Carolina del Sur han inventado una camiseta capaz de almacenar energía y cargar dispositivos móviles. Se trata de una tecnología aún en fase de experimentación que podría diseñar las prendas del futuro, dado que cada vez somos más dependientes de la electricidad en movilidad.

El proyecto comenzó cuando los investigadores de la Universidad de Carolina del Sur Xiaodong Li y Lihong Bao trataron de averiguar qué le sucedía a las fibras de celulosa de las prendas si se las cargaba con energía, según publica la revista de tecnología química Advanced Materials Journal en su número 24.

Desarrollaron su experimento sumergiendo la prenda en una solución de floruro y la dejaron secar. Posteriormente, calentaron a altas temperaturas, eliminando el oxígeno y consiguieron convertir la celulosa en partículas de carbón activado, haciendo que actuasen como un condensador eléctrico de doble capa. La prenda era así conductible como cualquier dispositivo de carga eléctrica.

Posteriormente, Bao y Li le aplicaron un nanómetro de óxido de manganeso para mejorar la capacidad conductible de la tela. “Esto creó un supercondensador muy estable”, afirma Li.

Una vez creada una camiseta super-conductible con un condensador, los investigadores desarrollaron una fase de pruebas cargando y descargando la camiseta con energía eléctrica. Según afirman, los resultados son “excelentes”, con una pérdida de rendimiento tras varias descargas del 5 por ciento.

“Agrupando estos supercondensadores, deberíamos de ser capaces de cargar los dispositivos eléctricos como los teléfonos móviles”, ha asegurado el profesor Li .

Las aplicaciones de esta tecnología se destinarían a la carga de dispositivos móviles, pero aún se desconoce cómo podrían insertar cargadores y adaptadores en la camiseta sin perder su forma. Asimismo, Bao y Li no han proporcionado más detalles sobre los efectos que podrían tener en la salud, si los hubiera, o al menos en el diseño estético de nuestra ropa.

La principal ventaja está en el mismo soporte, según ha destacado Li: “llevamos camisetas todos los días, y podrían tener más usos”. Convertir las prendas que lleva todo usuario de ‘smartphone’ en un cargador andante desde luego resulta muy atractiva y es posible imaginar una rápida difusión del invento.

Los investigadores afirman que se mejoraría el rendimiento aumentando la conductividad de la tela con nanotubos de carbono (CNT), pero aumentarían considerablemente el precio y además son contaminantes. Por el momento, se precian de decir que han conseguido crear un conductor barato y verde.

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